La explosión del polvorín de Buenos Aires

Como ya hemos visto, después de conseguir el permiso del Obispo Malvar y Pinto, apenas llegada a la ciudad, la Beata acude al Virrey Vértiz para que le deje abrir una Casa de Ejercicios y éste, incrédulo, la recibe y la despacha de su presencia.

En agosto de 1780 cederá a las instancias de Maria Antonia, rindiéndose a las palabras de esta mujer.

Según algunos testimonios, después de haber salido de la audiencia, la Beata María Antonia le anunció a unos soldados que estaba de guardia que al mediodía se retiraran de allí porque sucedería una desgracia.

El domingo 19 de diciembre de 1779, días antes de comenzar el verano, se levantó una fuerte tormenta que descargó un rayo en el depósito de pólvora cercano al palacio Virreinal.

Tal hecho habría influido en el cambio de parecer del Virrey Vértiz. Mons.
Cornelio Vázquez, canónigo honorario de la catedral metropolitana, testigo de
auditu avidentibus, declara:

Oi también al señor cura Larrosa, que habiendo sido mal recibida al principio por el Virrey, éste a causa de una catástrofe que sucedió, volvió a mejor acuerdo, la mandó llamar y le concedió lo que pedía.

Confirmado por la Srta. Manuela Jerez, testigo auditu avidentibus, quien hace
saber:

Al poco tiempo salió de aquí para Buenos Aires donde se presentó al Virrey licitando para dar Ejercicios. Al verla el Virrey con una túnica negra y una cruz de madera en la mano y descalza, la tomó por loca y la despidió. Al salir de palacio, dijo a unos soldados que hacían la guardia que se retiraran de ese lugar, porque a la una de la tarde habría una furiosa tempestad y oirían el toque de una campana.

Unos creyeron, otros no, porque el cielo estaba sereno y despejado, y solo se notaba una nube pequeñísima. A la hora indicada por la Madre Antula el cielo se nubló, desencadenándose la tempestad, un rayo cayó en el
depósito de la pólvora, causando grandes perjuicios; mas antes de suceder todo esto sonó una campana y los que creyeron en el aviso de la Madre Antula, los demás murieron.

Al día siguiente los que se salvaron refirieron al Virrey lo que dijo la Madre; hízola entonces llamar y dióle licencia para que diera los Ejercicios.

También el Pbro. Guillermo Etchevers, testigo de auditu, refiere acerca de este caso.

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